Casa Desolada, de Charles Dickens

Se lee en 3 minutos

portada-casa_desoladaDespués de mis últimas lecturas me apetecía dar un giro y sumergirme en una gran novela decimonónica aun sabiendo que iba a suponer una gran inversión de tiempo. En esta ocasión, dicha inversión se convirtió inmediatamente en beneficio porque elegir a Dickens es ir sobre seguro. Reseñar una obra de estas dimensiones e importancia requeriría un trabajo extenso pero para ceñirme a la línea que suelo seguir en el blog trataré de ser concisa y me centraré sólo en tres aspectos.

En primer lugar, hablaré de lo que me resulta más placentero al leer a este autor: la ironía que utiliza al criticar la sociedad británica de su época. En este caso el objeto principal de sus embestidas es la administración de justicia, la cual nos describe desde el primer capítulo como lenta y farragosa, alimentada por esas legiones de eminentes abogados, jueces eruditos y altamente respetados, así como ciudadanos cuyas vidas dependen de alguna sentencia pendiente y pasan a formar parte de ese microcosmos que son los juzgados.

Toda la historia gira en torno a la imposibilidad del sistema para resolver un caso relacionado con la herencia Jarndyce, hecho que afecta a las vidas de los personajes principales de la historia con excepción de Esther Summerson. Sin embargo, su propia existencia se ve envuelta en los avatares de John, Richard y Ada, miembros de la familia Jarndyce.  Ella lleva el peso de la mayor parte de la narración y carga con su propia historia: sus orígenes desconocidos, su pasado  lleno de incógnitas sobre sí misma y las sospechas que se encaminan a descubrir ciertos secretos.

El estudio de los personajes sería el segundo aspecto que quiero recorrer. En Dickens puede ser algo controvertido ya que a menudo ha recibido críticas por presentar personajes sin medias tintas: en muchos pasajes, uno tiene la sensación de estar leyendo una novela de buenos y malos. Pero cuando uno va más allá, observa que no es tan sencillo. Algunos personajes ocultan matices y nos van sorprendiendo a lo largo de la lectura. Por otra parte, los que resultan más transparentes, son utilizados para seguir profundizando en la crítica social. En este sentido podemos destacar algunos de ellos.

Tenemos a la activista que, cegada por su afán de cooperar con las colonias africanas a su manera, no contribuye con nada realmente útil y en su lucha, descuida completamente el bienestar de su propia familia. También encontramos a Skimpole, un adulto que sigue siendo un niño y entre otras cosas no entiende lo que es el dinero, pero siempre se las arregla para estar cerca de gente que sí dispone de él para vivir a sus expensas. Y por último, la dama de la alta sociedad que desde su posición de superioridad se pasea por las casas de los pobres para imponer su ayuda, ya sea bien recibida o no. No es, ni de lejos, consciente de lo que necesitan e insiste en ilustrarles con sus lecturas religiosas como si ello fuera la solución a todos sus problemas.

Uno de los personajes que es tratado con mayor respeto por el autor, y que ha supuesto una gran sorpresa para esta lectora, es el detective  Bucket. En su forma de actuar y su carácter decidido no he podido evitar ver a un antecesor del mismísimo Sherlock Holmes.

El tercer y último aspecto que quiero destacar en esta novela es el formato con el que se publicó por primera vez ya que es, como muchas otras obras de Dickens, una novela por entregas.  En estos tiempos en los que vivimos un apogeo de las series de televisión sabemos lo que es sufrir la espera semanal hasta el siguiente episodio o buscar la manera de ver una serie de forma continuada porque no logramos ser pacientes. Resulta, por ello, muy interesante imaginarse esa misma posición en el caso de una lectura como ésta. Hay capítulos que dejan un final abierto y otros que no tienen nada que ver con el anterior de manera que debemos leer muchas páginas para averiguar qué ha pasado con ciertos personajes y situaciones. También percibimos una gran dispersión a lo largo de los primeros capítulos pero a medida que la lectura avanza, vemos cómo todo se va entrelazando, atando cabos y conectando tramas. No podemos ignorar tampoco cierta irregularidad en la calidad de los capítulos: algunos son brillantes y otros no tanto pero siempre hay algún elemento que mantendrá nuestro interés y nos empujará a seguir leyendo.

En definitiva, se trata de una fórmula que funcionó en su día, y sigue funcionando hoy en la cultura audiovisual de manera que la conclusión es clara: el ritmo de lectura, su extensión y su formato de publicación son independientes de su éxito. Si la historia es consistente, los personajes sólidos, y la intriga se mantiene constante, el lector será fiel hasta la última página.

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Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

Soy escritora de fantasía y ciencia ficción. Mi primera novela, El Templo de los Inocentes, está disponible en formato digital en Amazon. Creé este blog porque la lectura y la escritura se deben compartir. Bienvenido/a. Participa. Comparte. Sugiere. Disfruta.

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