In vino veritas, de Virginia Gasull

portada-in_vino_veritasIn vino veritas es una novela sobre el vino. Pero también es una novela sobre la Segunda Guerra Mundial. Y sobre el robo de obras de arte. Y sobre lo que perdemos con la muerte frente a lo que ganamos con el amor. Puede sonar ambicioso porque son muchos temas y todos tienen un gran peso en la historia. Pero que no piense el potencial lector que la novela será un mosaico imposible o que la trama se dispersará para despistarnos, pues todo queda perfectamente conectado a través de una investigación policial y gracias a una protagonista que está a la altura.

Oteiza es una policía dura y metódica. Tiene una gran cultura pues es licenciada en Historia del Arte y se dedica a investigar robos relacionados con ese mundo. Le duele que se destruya el patrimonio, que los humildes habitantes de un pueblo pierdan su reclamo cultural, que es su mayor tesoro.  Y eso nos desvela que tiene una sensibilidad especial, que no mostrará con facilidad pero atrapará al lector desde el principio. Estos y otros detalles hacen de Oteiza un personaje inolvidable y esto no lo consigue la autora sólo con una buena descripción del personaje. Lo consigue también con técnica literaria. La novela utiliza un recurso que no es habitual: el uso de la segunda persona. Muchos capítulos están narrados de esa manera, logrando una conexión con el personaje que apunta directamente a nuestras vísceras. En estos capítulos, nosotros somos Oteiza, Anne Oteiza.

A partir de ahí, cualquier narración podría valernos, pero el valor aumenta cuando esa narración está bien trabajada. Por ello, una vez explicado el interés que el personaje principal puede despertar en el lector, pasaré a destacar otros aspectos.

Lo primero es el giro con el que arranca la historia: Oteiza recibe un encargo que no se ajusta del todo a su trabajo al tratarse del robo de unas exclusivas botellas de vino. Esto la llevará desde Madrid hasta Burdeos y lo que descubra respecto al caso, la obligará a tomar decisiones sobre sí misma.

El resto de los personajes no le hacen sombra, pero tampoco quedan eclipsados pues todos aportan a la historia lo necesario: Sophie, la mejor amiga de Oteiza; Édouard, el productor de vino; Christine, la enóloga; Bertrand, el inspector de la policía francesa; y el chateaux y los viñedos donde se desarrolla la mayor parte de la trama, que son un personaje más.

Si el espacio es importante, el tiempo también lo es: el pasado juega un papel esencial. Por una parte iremos descubriendo cuál es el pasado de Oteiza, esos recuerdos que tanto la atormentan, y por otro lado el pasado de la Francia ocupada, lo que ocurrió en Burdeos durante la Segunda Guerra Mundial. En este sentido, el trasfondo histórico está perfectamente documentado. A la autora no se le queda ningún cabo suelto, ninguna licencia que tenga que reinventar para que la trama encaje a la perfección.

Por muchos aspectos que destaque, al final uno planea sobre todos los demás y es la forma en la que se desarrolla la narración. Desde el punto de vista más objetivo, un hábil manejo del suspense y de la revelación de información. Desde un lado más subjetivo, poniéndonos en la piel de la protagonista, descubriendo y aprendiendo con ella y viviendo lo que ella vive.

Excelente en todos los sentidos. Y dicho esto, debería terminar clasificando In vino veritas en su género correspondiente: es una novela negra, una novela histórica, una novela romántica, erótica, de acción, de reflexión… Cambio el final. ¿Quién necesita etiquetas cuando se es inclasificable? Inclasificable, como los mejores vinos, que quizás tampoco se deberían etiquetar.

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Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

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