Ventajas de presentarte a un concurso literario

lecciones04Los concursos literarios son un medio para darse a conocer, una vía para obtener reconocimiento y una forma de ampliar nuestro currículum como escritor. Todo eso si los ganamos, claro. Pero no nos engañemos: ganar un concurso literario es muy difícil. Se presentan cientos de textos y, en algunos casos, miles (normalmente de narrativa hiperbreve).

Lo importante es entender que no ganar un concurso no significa que tu texto sea malo sino que no es lo suficientemente bueno. Incluso si tu texto es excelente, puede que no encaje con los gustos del jurado o con la línea que suele seguir el certamen al que te has presentado. Por eso, no debes desanimarte y entender que presentarte a un certamen tiene una serie de ventajas que te cuento a continuación.

1) Tener un plazo para terminar tu texto

Esta ventaja es esencial y por eso la pongo en primer lugar.

Muchas veces comenzamos a escribir un relato y no lo cerramos del todo porque nos bloqueamos. Como mucho, logramos escribir un principio, un desarrollo y un final, pero lo dejamos en una primera versión que no es mucho más que un borrador. Cuando nos planteamos enviarlo a un certamen tenemos que trabajar el texto en profundidad, revisarlo y corregirlo hasta que estemos satisfechos con su calidad y ahí creemos que nunca lo daremos por finalizado. Quienes escribimos sabemos que si revisamos un texto cien veces, haremos cien cambios. Sin embargo, cuando lo enviamos, logramos la sensación de que está acabado.

Si se trata de una novela, necesitamos muchos meses de escritura y nuestros bloqueos o falta de tiempo pueden hacer que el trabajo se alargue casi indefinidamente. Al tener una fecha límite para enviarla a un concurso nos sentiremos como si tuviéramos que hacer una entrega a una editorial y nos pondremos las pilas para acabar a tiempo. Si hemos ido apurados con el plazo seguramente las correcciones no estarán al nivel que requiere una novela, pero habremos llegado a la última página y escrito “Fin”. Eso ya es un gran logro.

2) Revisar y perfeccionar textos antiguos

Todos tenemos relatos antiguos que nunca han visto la luz. A veces se quedan olvidados porque nos da miedo revisarlos: cuando pasa un tiempo hemos aprendido y mejorado y lo que escribimos hace un año nos parece horrible. Un concurso puede ser la excusa perfecta para recuperarlos. Leemos una convocatoria y pensamos que un viejo cuento nuestro encaja con la temática o la extensión que se pide. Es el momento de confiar en él. Lo rescatamos (sin prejuicios para no hacer sobre nosotros mismos una crítica superdestructiva) y empezamos la revisión. En la reescritura y correcciones vamos a incorporar sin querer lo que hemos aprendido en este tiempo, así que nuestro texto, con toda seguridad, va a ser mejor de lo que era.

 3) Aprender de los ganadores

El concurso se falla y no hemos ganado. Ni siquiera nos incluyeron en una preselección, en el caso de los certámenes que publican este primer paso. Todo está bien: recuerda que eso no significa que tu texto sea malo (aunque seguramente puede ser mejorado).

Este es el momento de acudir a los textos ganadores en cuanto se publiquen. Podremos valorar su calidad y compararla con nuestro texto. A pesar de que las comparaciones son odiosas, aquí hablo de comparar para aprender. Tenemos que ser humildes y objetivos: en los concursos honestos con un jurado serio los textos que ganan son buenos. Aprende de ellos. Analiza qué escribe la gente (temática, técnicas narrativas,…) y qué claves puede haber en ese texto que le ha llevado a alzarse con el premio. Puede que nosotros seamos los siguientes en la convocatoria del año próximo.

4) Ganar el concurso no es la única opción

Hay certámenes que no dan un único premio sino que se proponen valorar otros textos más allá del ganador: puede haber finalistas, accésit o menciones especiales. Un concurso amplio en este sentido nos dará más posibilidades de que nuestro nombre esté ahí, una vez que se falla el premio. Si esas posibilidades se cumplen, la motivación será inmensa. ¡Aprovéchalo! Ese reconocimiento no tiene precio y, además, podrás incorporarlo a tu currículum.

Vuelve al punto tres. Estudia el texto ganador y estudia el tuyo propio. Piensa en sus aspectos positivos, y plantéate qué elementos de calidad han hecho que, sin ser el mejor texto del certamen, el jurado haya querido ponerlo en valor.

5) Ganar experiencia como escritores

La experiencia de presentarte a un concurso es una ventaja en sí misma por todo lo que he explicado en los apartados anteriores: has pulido al máximo un texto que tenías entre manos; has mejorado un texto antiguo que no había por donde cogerlo; has cumplido un plazo; has analizado los textos que sí han sido seleccionados y, por tanto, aprendido de otros escritores; y has reflexionado a posteriori sobre tu propia creación.

Aquí puedes decidir cómo mejorar tu texto e, incluso, decidir que puedes confiar en él. ¿Merece la pena que lo envíes a otro certamen? Si la respuesta es sí, hazlo. Y, ¡mucha suerte!

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*Imágenes tomadas de freepik.es

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Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

2 Comentarios

  1. Hola, Gema
    Me gustó mucho esta entrada, tal vez porque fue a partir de un concurso que me inicié en la literatura. Estaba aburrido, vi la convocatoria y me decidí a escribir. Entonces me di cuenta de lo difícil que era, pero al mismo tiempo gratificante. Sin contar la emoción que me causó cuando dieron los premios, 3er lugar solamente pero aquello me dio una confianza enorme y empecé a conocer personas a las que les gustaba escribir y hasta leer las mismas cosas que yo.
    Creo que es muy importante para escritores que se inician. He escuchado criterios de muchos escritores que desprecian los concursos y dicen que es cuestión de suerte. Pero me gusta considerar a los jurados como lo que son, lectores más preparados que el público promedio y con criterios valiosos, al menos en los concursos con cierto nivel de seriedad.
    Saludos!

    • Gracias por tu comentario. Me alegro de que te haya gustado la entrada. Enhorabuena por ese premio. Espero que haya muchos más. ¡Un abrazo!

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