Cada noche, cada noche, de Lola López Mondéjar

portada-cada_noche_cada_nocheHay novelas que devoras y que olvidas fácilmente; también hay novelas que dejan huella. A veces pienso que estas dos categorías son irreconciliables: el best-seller de lectura fácil y absorbente frente a la novela profunda que va más allá de lo que encierran sus páginas. Una de las mejores experiencias como lectora es encontrar un texto como “Cada noche, cada noche”, que rompe ese esquema. Es una novela con múltiples lecturas y engranajes, que toca temas importantes, pero que logra que el lector vaya entrando poco a poco hasta quedar atrapado sin remedio. El lector entiende cuánto se juega: debe acompañar a Dolores Schiller, la protagonista, hasta su final y descubrir junto a ella la verdad de su pasado. ¿Quién es? ¿De dónde viene? ¿Qué futuro va a elegir? Son preguntas esenciales, primarias, que la protagonista pondrá delante de nuestros ojos y hará que no paremos de leer hasta que las contestemos.

Esta es la segunda novela que leo de Lola López Mondéjar. La primera fue “Mi amor desgraciado”, un libro que también me dejó huella. Recuerdo que al comenzarlo no tenía muy claro quién era aquella mujer que hablaba, cuál era su situación… hasta que, avanzando página tras página, el asombro se apoderó de mí y no me abandonó hasta que cerré el libro.

Cuando una lee a Lola López Mondéjar sabe que no está leyendo cualquier cosa. Sabe que sus novelas van a trascender y seguramente serán estudiadas por la valentía de los temas que aborda, y por la calidad literaria con la que lo hace.

Volviendo a “Cada noche, cada noche”, tenemos un componente especial: es una novela sobre “Lolita”, de Nabokov. Sin embargo, no vamos a encontrar solo a Lolita, personaje literario. Lo mágico es que aquí Lolita se convierte en una persona real, cuyo bebé sobrevive al parto y descubre con 20 años de edad quién fue su madre.

Es una fantasía construida para hacer un homenaje a Lolita y deshacer el mito erróneo que se ha establecido sobre el personaje. Cualquiera que piense en Lolita como concepto (incluso sin haber leído la novela de Nabokov) pensará en una joven seductora y manipuladora que vuelve locos a los hombres, quienes caen rendidos a sus pies. Lo vemos así porque la sociedad (dominada por el pensamiento masculino) lo ve así. Pero, ¿qué ocurre si nos alejamos de esa visión y analizamos Lolita con otros ojos? Veremos con claridad que: 1) Lolita es una niña. 2) Humbert Humbert es un pederasta. 3) Sus relaciones sexuales se basan en la violación y el abuso. Ya está, es sencillo de entender. Sólo había que pararse a pensarlo.

Yo leí “Lolita” hace tres años y publiqué una reseña en esta web. Al terminar “Cada noche, cada noche” tuve miedo de releerla porque no me fiaba de mi propia comprensión del clásico. Creo, por un lado, que la reseña de “Lolita” que escribí es breve y superficial, como si no hubiera tenido muy claro qué decir. Por otro lado, me consuela saber que califiqué a Humbert Humbert como “monstruo” y me sentí incómoda al identificarme con él gracias a la habilidad narrativa de Nabokov. Puedes leer la reseña aquí.

En “Cada noche, cada noche” también encontramos la voz del monstruo pero, como lectores, nos situamos al lado de las mujeres. La novela se articula en torno al personaje de Dolores Schiller y se narra a través de tres voces. La primera es Dolores en la actualidad que, gravemente enferma, se enfrenta a un destino terrible. La segunda es Dolores en su juventud, cuando recibió el diario de su madre muerta, hecho que provocó que tomara una serie de decisiones que marcarían su vida. La tercera es la voz de la propia Lolita a través de las páginas de su diario. Es una voz conmovedora, inocente y sincera que humaniza a Lolita como nadie, ni el propio Nabokov, lo había hecho antes. Son tres voces que se entremezclan y se convierten en una: Dolores Schiller recorriendo su pasado, su presente y su futuro.

Lola López Mondéjar hace que su protagonista, Dolores Schiller, redescubra la novela de Nabokov a la vez que lo hace el lector. Sin embargo, creo que se puede leer “Cada noche, cada noche” sin problema aunque no se haya leído “Lolita” (como he dicho más arriba, cualquier ciudadano de cultura media tiene una idea sobre este libro-mito).

Lo que espero para el futuro es que para estudiar “Lolita”, leer la novela de Lola López Mondéjar se convierta en un requisito imprescindible y que veamos cómo un clásico ha crecido al haber sido complementado con otro clásico. Tiempo al tiempo.

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Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

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