Maus, de Art Spiegelman

portada_mausMaus es uno de los comics más leídos de la historia. Cada lector tendrá sus razones pero yo me he atrevo a desentrañar dos posibles.

La primera es que esta obra recibió el premio Pulitzer (si no me equivoco es el único cómic que ha recibido dicho premio). Esto ha hecho que Maus trascienda las fronteras del público habitual de este género, pues me consta que ha pasado por las manos de mucha gente que jamás se suele acercar a una novela gráfica. La segunda es el tema que trata. El Holocausto sigue asombrando y por supuesto, interesando, y al margen de los estudios históricos sigue formando parte de numerosas obras literarias y cinematográficas. Bravo por cualquier autor y lector que contribuye a conocer y a no olvidar.

Maus se acerca al Holocausto desde un lenguaje nuevo, y a pesar de que sus personajes han sido sustituidos visualmente por animales, no pierden ni un ápice de humanidad, tan personal es la historia que cuenta. Es personal, porque más allá del contexto histórico cuenta la historia de un padre y un hijo. No tienen una relación demasiado cercana pero empiezan a pasar muchas horas juntos al querer el hijo recoger la historia del padre como superviviente del holocausto para publicar un libro. Y así la historia del pasado se mezcla con las vidas presentes de los cuatro protagonistas: padre, hijo, y sus respectivas mujeres.

En el pasado, acompañamos a Vladek, que cuenta con detalle todo lo que sufrió, la inventiva que le ayudó a sobrevivir, y cada vez que se encuentra ante una encrucijada, el lector no puede imaginarse cómo salió de aquello. Por ello, el suspense es constante en la trama.

En el presente Maus se nos acerca como una historia cotidiana, del día a día, y podemos plantearnos cómo alguien que conocemos en nuestro vecindario, puede haber pasado por una experiencia similar, haber sobrevivido y llevar una vida normal.

¿Y qué hace al conjunto tan fascinante? Los protagonistas no son santos. Al contrario: tienen numerosos defectos empezando por Vladek, que es sorprendentemente racista, y terminando por su hijo Art, que es bastante egocéntrico. Por eso vemos que las víctimas o sus herederos no son un ejemplo de perfección, y por eso al leer sentimos que podríamos ser cualquiera de nosotros.

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Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

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