Los Juegos del Hambre (trilogía), de Suzanne Collins

portada-los_juegos_del_hambreMucho se ha escrito ya sobre Los Juegos del Hambre (incluidos los guiones para hacer ¡cuatro películas!). Tras ver el primer film, que me pareció interesante, me estuve debatiendo entre ver la saga o leerla. Al final, la lectura ha ganado y me he decidido por esto último.

Lo primero que debo decir es lo mucho que me ha sorprendido el estilo de las novelas, ya que en la literatura comercial (y en especial la que se dirige a lectores jóvenes) no suelen darse demasiados experimentos formales. En este caso, Suzanne Collins narra la acción en primera persona y en tiempo presente.

Vayamos con el asunto de la narración en primera persona. Es una técnica difícil de mantener en una historia larga (y estamos hablando de más de 1000 páginas en la mayoría de las ediciones) ya que esto limita la acción a un único punto de vista. Es admirable, por tanto, cómo la autora consigue sostener toda la trama en esta única voz, e integrar en ella la gran diversidad de personajes, ambientes y lugares. Esto último es esencial porque la historia es una distopía futurista, ambientada en un lugar llamado Panem, que requiere explicar al lector cómo funciona el sistema político, la estructura social y la forma de vida (todo ello extendido a catorce lugares diferentes, además de las localizaciones donde se celebran los Juegos). Collins nos libra de farragosas explicaciones técnicas y sociopolíticas para ir desgranando poco a poco toda la información. Partimos de lo que la protagonista conoce al principio y vamos ampliando nuestros conocimientos sobre Panem a la vez que ella evoluciona y conoce más de su propio mundo.

La cuestión del tiempo presente es, también, un acierto. La inmediatez que se transmite al lector contribuye a sumergirle en las novelas y, puesto que la autora maneja de forma excelente la tensión narrativa, logra que una vez que hayamos empezado el primer libro, no podamos dejar de leer.

Estos rasgos hacen de la trilogía de Los Juegos del Hambre una lectura que merece la pena, máxime cuando los personajes están bien construidos a través de los ojos de la protagonista.

No quiero decir, con esto, que sea una obra perfecta. Nada más lejos de la realidad. En mi opinión hay tres cosas criticables. La primera es que toda la segunda mitad del último libro (es decir, el desenlace) es demasiado largo. Desconozco cuál fue el proceso de escritura, edición, etc. o cómo surgió y se desarrolló esta historia en la mente de Suzanne Collins, así que sólo puedo hablar de la impresión que me ha causado como lectora. Son tres libros y todos tienen un número de páginas similar. Creo que toda la aventura final se podría haber reducido bastante, y pienso que quizá no se hizo por razones editoriales o comerciales. En resumen: el tercer libro tenía que llegar a las 400 páginas de rigor. (Me pregunto cómo se les ha ocurrido a los artífices de la saga cinematográfica convertir ese libro en dos películas, nada menos).portada-en_llamas

Otra cuestión es el puritanismo extremo que respira por todos lados en contraste con la extrema violencia. Los Juegos del Hambre ha arrasado entre el público juvenil (de hecho, está catalogada como literatura juvenil). Sin embargo, es sorprendente la gran imaginación que derrocha la autora a la hora de describir muertes violentas de todo tipo y condición. No es algo que me moleste pero sí me choca que al lado de eso, encontremos un nivel de sexo cero. Hay relaciones personales y situaciones en las que la historia pedía a gritos que ocurriera “algo”, y el hecho de que no ocurra resulta artificial, forzado y poco creíble. Conclusión: sólo puedo explicármelo pensando en la típica doble moral norteamericana, que es capaz de censurar un pezón en en un número de baile y mostrar sin tapujos en las noticias a una persona volándole la cabeza a otra. Bastante absurdo, la verdad.

Por último, algo de lo que también se ha hablado largo y tendido: Los Juegos del Hambre son una mezcla más que evidente de las novelas “Battle royale” de Koushun Takami, y “The running man” de Richard Bachman, más conocido como Stephen King (ambas con sus correspondientes adaptaciones al cine). Se puede acusar a Suzanne Collins de poco original pero, ¿no se ha dicho lo mismo de J.K. Rowling o de otros escritores de renombre? La realidad es que todo está escrito, y cualquier autor bebe de fuentes que a veces pueden ser más conocidas o menos, o que se adivinan mejor o se disimulan más. El caso es que Collins ha conseguido crear algo nuevo, con personajes bien trabajados y con una técnica que logra sumergir al lector en la obra.

portada-sinsajoAdemás (quiero terminar con otro rasgo positivo), hay temas que son clásicos en las distopías: la opresión política, la desigualdad social, el control de los medios de comunicación, etc. No falta ninguno de ellos y uno no puede evitar al leer, comparar con nuestro mundo actual. Que un escritor logre despertar esas reflexiones en un lector, es un gran logro. Sólo me pregunto si los lectores adolescentes, que tienen una visión del mundo más limitada, serán capaces de llegar a ciertas conclusiones. Si Los Juegos del Hambre consigue eso, creo que se merece un lugar de honor en algún sitio. Lo que no sé, es dónde.

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Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

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