La perla, de John Steinbeck

portada-la_perla¿Es La perla un cuento o una novela corta? ¿Es una historia realista o fantástica? Mientras me sumergía en esta historia fascinante, ambas preguntas daban vueltas en mi cabeza. Son dos preguntas que me han hecho valorar aún más este libro y que van a ser la armadura de esta reseña.

Para comenzar creo que, a pesar de su extensión breve, La perla es mucho más que un cuento. La carga simbólica de su historia hace que estemos ante una novela corta. Los protagonistas, Kino y Juana, no son solo un humilde pescador y su mujer sino que representan a una clase social. Podríamos decir también que representan a todo un colectivo: los indígenas de América latina oprimidos por las clases altas de origen europeo. Esos opresores están encarnados en personajes como el médico. Frente a los que tienen nombre propio, hay todo un coro de personajes secundarios que, casi a la manera del teatro griego, acompañan a los protagonistas en algunos momentos clave y representan el corazón de una sociedad mestiza y decadente.

Por todo ello, aunque se trate de un argumento lineal con introducción, nudo y desenlace, se describe un conflicto social que le da a la narración una dimensión gigantesca. La perla cuenta la historia no solo de un pueblo o un país, sino de todo un continente. Por desgracia, tal como es y ha sido la Historia del mundo, lo que cuenta La perla podría trasladarse a muchos otros contextos y su esencia no cambiaría.

Recordemos que John Steinbeck (premio Nobel de literatura en 1962) es el autor de Las uvas de la ira o De ratones y hombres y que el tema social es uno de los puntos fuertes de sus escritos. Pero, ¿sólo con centrarse en la denuncia social puede cualquier escritor ser tan grande como Steinbeck? Obviamente no. Lo que percibimos en La perla es que quienes importan son los personajes. Juana y Kino están retratados con una mezcla de distancia y cariño por parte del autor. De forma sutil, vamos entendiendo su forma de quererse, su temor ante el mal que les persigue o su valentía a la hora de seguir adelante. En el centro de su relación está el amor hacia su hijo, que es lo que pone en marcha la trama. En todo ello, Steinbeck se exhibe como un maestro a la hora de “mostrar” en lugar de “decir”.

Respecto a la segunda pregunta (ignoro si es una visión demasiado personal) no he podido evitar hacer una lectura fantástica de La perla.

John Steinbeck es considerado un autor realista y, sería lógico analizar esta obra dentro del realismo. Sin embargo, un tema esencial aquí es el “objeto maldito”, tema recurrente en la literatura fantástica y de terror. Esta familia encuentra un objeto raro y maravilloso: la perla. Este objeto puede darles todo lo que necesitan, pero también puede arrastrarles a la perdición. Y como “maldito”, ese será el camino. La rutina sencilla y feliz de Kino y Juana se emborrona, el peligro les acecha y se ven empujados hacia la tragedia, aunque intenten huir de ella.

Hay otra cuestión que creo relevante comentar. La perla me ha hecho pensar en el Anillo Único. Kino protagoniza al menos dos escenas en las que parece Gollum hipnotizado por la belleza de la joya. Acaricia su superficie con admiración y miedo y parece que en algún momento va a decir “mi tesoro”. Hay otro aspecto mágico en la perla: Kino “ve” cosas en ella cuando la mira de cerca igual que si tuviera en sus manos el Palantir. Algunos de vosotros ya habréis adivinado que estoy hablando de Tolkien y de El Señor de los Anillos. Pienso que, casi con toda seguridad, Tolkien leyó al estadounidense y que hay muchas influencias de él en su obra. Buscando información al respecto he encontrado este interesante artículo: “Did Tolkien read Steinbeck?”. En él no se habla de La perla, pero seguramente hay mucho de esta obra en el clásico de Tolkien.

Existen muchos motivos para leer La perla. Cada lector encontrará el suyo ya que es una historia con tantas lecturas posibles que nadie se quedará indiferente. Es un libro imprescindible y, tan breve, que ni siquiera quitará mucho tiempo al lector.

Aunque pensándolo bien, muchos lectores inquietos pensarán como yo: que leerlo una vez no es suficiente.

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Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

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