La muerte juega a los dados, de Clara Obligado

portada-la_muerte_juega_a_los_dadosLa muerte juega a los dados podría ser una novela, pero no lo es. Podría ser una colección de relatos, pero es mucho más que eso.

Si fuera una novela, tendría color negro y como dice uno de los personajes: “primero se busca un muerto y se lo pone en las primeras páginas, después, un culpable, que aparece en las últimas y, con esos dos datos bien plantados, se enreda una madeja durante doscientas páginas”. Pero, ¿qué ocurre cuando en esas doscientas páginas se hace un experimento? Pues que tenemos un libro inclasificable. Y creo que ése es uno de los mayores elogios que se le puede hacer a un buen producto literario.

A lo largo de dieciocho textos (de extensión, estilo y estructura diferentes) se enreda una madeja que va más allá de la resolución del crimen. Citando al mismo personaje, “lo esencial no es quién mató a quién […] lo importante es qué sucedió con toda esa pobre gente que se quedó viva”. Son relatos que nos llevan a épocas diferentes  y se centran en distintos personajes que tienen alguna relación con el muerto, a veces cercana o a veces indirecta. Pero, sin duda, sus vidas importan, son ricas en lo bueno y en lo malo, así que cada historia es apasionante por sí misma.

En una breve nota inicial Clara Obligado nos hace dos propuestas de lectura: leer el libro de forma lineal o bien leer los relatos en el orden que se desee (homenaje a Rayuela, de Cortázar). El problema es que el lector tendrá que elegir y la primera lectura de un libro es única, no hay segundas oportunidades. Por ello nunca una misma persona podrá comparar la primera impresión que le causen las dos modalidades de lectura (éste es uno de esos momentos en los que una desearía tener un botón de “reset” en el cerebro… o “delete”… para borrar una parte de la memoria). Yo asistí a la presentación del libro (puedes pinchar aquí para leer el post correspondiente) y allí se leyeron algunos textos sueltos. Puedo afirmar que leídos así tienen sentido e interés porque cada historia es válida por sí misma, así que seguramente la lectura desordenada no es una mala opción. Sin embargo, intuía que sin lectura lineal me iba a perder algunos matices que no quería dejar pasar. Por ello finalmente opté por leer el libro desde la primera página a la última. Y creo que ha sido una elección acertada por varias razones.

En primer lugar hay un crimen que resolver y todo lector, por mucho que esté deseando saber quién es el asesino, en el fondo no quiere saberlo demasiado pronto, no vaya a ser que se pierda la intriga. Aún así, he de señalar algo curioso: en La muerte juega a los dados la resolución del enigma está planteada casi como otro enigma, así que si no tenemos todas las piezas del puzzle, tal vez no seamos capaces de darnos cuenta de quién es el asesino. Dicho esto, entiendo la invitación de la autora a arriesgarse a desordenar la lectura.

En segundo lugar hay un hilo conductor más allá del crimen: la historia de la familia Lejárrega. Una familia compleja como la que más y, aunque hay saltos temporales, el conjunto tiende a avanzar cronológicamente a lo largo de las tres generaciones que aparecen. Creo que la lectura ordenada nos ayuda a conocer mejor a la familia, a saber quién es quién y lo que, al final más importa, ser capaces de ponernos en la piel de los personajes. Magníficamente mostrados, dicho sea de paso.

Para terminar, la razón que considero más importante: me ha gustado mucho el juego del desconcierto que se produce al empezar cada relato. Escuchas una voz y no sabes bien a quién pertenece. Poco a poco, vas centrando esa voz, le vas poniendo un nombre, vas situando las otras piezas del juego alrededor y finalmente atas cabos. Por lo tanto, cada relato va regalándote una doble lectura: la de los secretos que te muestra el texto en particular más las verdades que, una vez desveladas, se suman al conjunto de la trama. En conclusión, cada relato es un disfrute doble.

La muerte juega a los dados es un puzzle, un collage, un cuadro cubista… cualquier cosa en la que pensemos que, estando hecha de fragmentos, forma finalmente un todo. Fragmentado pero sólido. Si quitáramos una de las piezas de la composición podríamos seguir disfrutándolo pero ya no sería lo mismo, ya que al terminar de leerlo se tiene la sensación de que todos y cada uno de los cuentos son necesarios.

Para terminar quiero aclarar que ese mosaico de personajes, tiempos, lugares y enigmas es perfectamente inteligible. Lo último que deseo es que los lectores de esta reseña (potenciales lectores de La muerte juega a los lados) puedan sentirse intimidados por esa aparente complejidad. Como bien dijo la autora en la presentación que mencioné más arriba, le gusta escribir libros experimentales pero que se entiendan puesto que la buena literatura debe entenderse. Y no hay duda de que estamos ante buena literatura.

Compártelo enTweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn
Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *