La ley de la calle, de Susan E. Hinton

portada-ley_de_la_calleLa ley de la calle siempre ha sido, para mí, uno de esos libros que se quedan en una eterna lista de libros pendientes. Sin embargo, tenía una deuda con la autora considerando el impacto que causó en mí su novela Rebeldes. Cuando era una adolescente no sólo leí Rebeldes, sino que lo releí, me emocioné, lloré a mares, etc. Por ello, mis expectativas con respecto a La ley de la calle eran muy altas.

La pregunta es ¿me ha gustado? Sí. La otra pregunta es ¿me ha gustado tanto como Rebeldes? No. ¿Tendrán algo que ver el tiempo y la distancia recorridos? Seguramente. Vamos, pues, a olvidarnos de ídolos caídos o de impresiones sumamente subjetivas para poder valorar qué hay de bueno en esta novela, que ya es un clásico de la literatura juvenil.

Lo mejor de este libro es el tono personal del narrador. El protagonista, Rusty James, es casi un adulto y, al encontrarse con un amigo de su adolescencia, revive aquellos tiempos. Entonces, el que era un chaval no sabía manejar sus sentimientos, ni sus traumas familiares. Para sobrevivir se refugiaba en un mundo de pandillas en el que, para hacerse un hueco, la única opción era ser el más duro. El Rusty adulto apenas se deja ver, como si no hubiera sido capaz de distanciarse y, en el fondo, aún no supiera explicar qué le ocurría a su “yo” más joven.

La novela, por lo tanto, nos sumerge en el mundo brutal de los barrios bajos, donde está esa frontera finísima entre la gamberrada y el delito y donde las cosas duelen, aunque nunca se diga en voz alta.

La maestría de la autora está en ese no nombrar ciertas cosas pero hacernos llegar lo que se siente. Un ejemplo es la relación (rota) de Rusty James con su familia (rota). El lector llega a sentir el dolor que esto provoca en el protagonista, antes de que él mismo se de cuenta. Lo mismo ocurre con Steve, su mejor amigo. Le conocemos mejor que el propio Rusty pero no tanto por las cosas que se dicen, sino por las que no se dicen.

A partir de esta relación entre Rusty y Steve, la historia supone una interesante reflexión sobre la amistad. ¿Quiénes son verdaderos amigos? ¿Quiénes son amigos por el interés? ¿Quiénes son personas tóxicas? ¿Cuándo decide alguien alejarse de una persona que le perjudica? De igual manera, la historia pasa por las relaciones de pareja adolescentes. Rusty tiene una novia (si es que podemos hablar de “novio/a” entre gente de unos 14 años). Es interesante ver cómo reacciona ella ante lo que Rusty hace o dice y cómo él ni siquiera es consciente de que le hace daño.

Es evidente que La ley de la calle no es sólo una historieta ni una recopilación de vivencias de un grupo de adolescentes “malotes”. La novela va más allá y profundiza en los sentimientos, los miedos y la indecisión que una persona puede vivir en una época que le dejará huella para siempre. Por estos motivos creo que es una lectura más que recomendable para lectores jóvenes. Les hará reflexionar sobre los aspectos más básicos de la vida a ala vez que verán conexiones con su propio mundo (a pesar del tiempo pasado ya que la novela está ambientada en los años 60 o 70).

Para un lector adulto como yo, el impacto será menos, pero no impedirá que disfrutemos de un texto de calidad y de unos personajes que no olvidaremos fácilmente.

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Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

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