La Flor del Norte, de Espido Freire

portada-la_flor_del_norteLa Edad Media ha sido fuente de abundante material literario. Es una época que atrae a muchos públicos y con frecuencia se encuentran lectores amantes de la fantasía épica (como es mi caso) que acostumbran a verla con un halo de Romanticismo. Ven (o vemos) la belleza en los castillos, las espadas y las batallas. Apreciamos las muertes grandiosas y buscamos huecos por donde se cuelan las leyendas.

La Flor del Norte es otra cosa. Aparece y aparecerá siempre bajo la etiqueta de “novela histórica” pero es curioso cómo conecta con la oscuridad de lo legendario. La escritora conoce los datos reales, los personajes que han quedado registrados para la posteridad y las crónicas de la época. Sin embargo, aprovecha la existencia de lagunas para llenarlas con su imaginación, consiguiendo una historia verosímil y que pudo (¿por qué no?) haber sido.

Otro aspecto interesante es que, si a menudo se presenta la Edad Media como un mundo de hombres, Espido Freire nos golpea con la realidad del mundo medieval de las mujeres. Ellas no luchaban en los campos de batalla sino en el propio hogar con los enemigos más fieros: las personas que nos rodean cada día. Cristina de Noruega no fue una campesina forzada a trabajar de sol a sol para tener algo que llevarse a la boca. Fue una princesa pero tremendamente infeliz en una tierra extraña. No tuvo una vida fácil en Castilla y ningún príncipe vino a rescatarla. Su soledad y la nostalgia de los suyos, como hilo conductor de la novela, nos conducen a un final de secretos desvelados. Cristina nos sorprende tanto como lo que está ocurriendo a su alrededor.

El libro está dividido en dos mitades (separadas por el viaje hacia el sur) con una estructura gemela. Cada capítulo comienza con una referencia a los familiares de Cristina: la abuela, mi bisabuelo, mi madre, mi hermana, etc. ¿Podemos pensar también que es un libro sobre la familia? Sea como fuere, esos recuerdos dotan a esta historia de un componente humano que supera el hecho de encontrarnos ante una lista de nombres reales del pasado.

En definitiva, decir “novela histórica” es quedarse corto. Lo que tenemos delante son las reflexiones de una mujer más fuerte de lo que aparenta, que ha pasado del sufrimiento de su familia carnal a la difícil relación con su familia política. Tenemos la memoria y el concepto repetitivo del tiempo en alguien que presiente que su  muerte se acerca. Tenemos la soledad y la mentira. La dificultad para encontrar alguien digno de confianza.  La enfermedad, el dolor físico y el otro que duele más. Son temas universales, de manera que la Historia (con mayúsculas) puede pasar a un segundo plano.

Lo que importa es la mujer que recorre todas sus páginas.

Compártelo enTweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn
Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *