Fenómenos de Circo, de Ana María Shua

portada-fenomenos_de_circoFenómenos de Circo es un libro de microrrelatos. Creo que es esencial decirlo antes de hablar de él debido a las peculiaridades que tiene este género.

Los microrrelatos nos llegan muchas veces a través de vías diversas: revistas literarias, antologías de relatos en las que se cuelan algunos breves, etc. Pero me consta que no es habitual leer un libro dedicado en exclusiva a este género. Incluso yo misma, que publiqué un micro en la antología Bocados Sabrosos II de la editorial ACEN, nunca había leído un libro de microrrelatos de principio a fin.

Creo que ha sido un acierto hacerlo por primera vez con la autora que es considerada la auténtica reina del género y a quien podrás conocer mejor a través de este post que publiqué tras asistir a una de sus charlas. En esta entrada, sin embargo, me centraré sólo en la impresión que me ha producido Fenómenos de Circo.

Lo primero que llamó mi atención al adquirir el libro fue que iba a estar dedicado en exclusiva a un tema: el circo. Éste es un ambiente con el que tengo una relación de amor-odio muy particular, así que pensé que el libro no me iba a gustar, o me iba a parecer monótono y me iba a acabar cansando. Por ello, concluir que Fenómenos de Circo me ha parecido casi una obra maestra (y digo “casi” porque creo que yo no tengo autoridad para establecer esa clasificación) muestra la genialidad de Ana María Shua.

Después de un texto inicial que sirve como presentación, el libro está estructurado en cinco partes: “Todo es circo” que trabaja la idea del circo como concepto y como metáfora o la impresión que en niños y adultos puede causar el espectáculo circense; “Los oficios” en los que leeremos textos que versarán sobre magos, equilibristas, payasos, trapecistas, tragafuegos y toda una espléndida galería de profesionales del circo; “Los freaks” donde se reflexionará sobre lo diferente, lo feo, todo eso que nos maravilla y nos produce rechazo al mismo tiempo; “Los animales” donde aparece la idea de lo que era bien aceptado en el pasado y en la actualidad no está bien visto o incluso es intolerable, y mucho mejor cuando la autora pone a los animales como narradores en primera persona en algunos textos; y finalmente “Historia del circo” que se remonta a los espectáculos romanos y llega hasta la actualidad. El libro termina con una serie de biografías breves de aquellos personajes históricos que aparecen en los textos, contadas con un estilo literario que las hacen parecer casi nuevos microrrelatos.

En este amplísimo recorrido encontramos de todo: hay textos poéticos, algunos más reflexivos que son una sacudida para nuestros principios, otros que son humorísticos. Los hay tiernos y llenos de compasión frente a otros más crudos. Si tengo que elegir me quedo con aquellos que partiendo de un dato o un hecho real dan un vuelco (un salto mortal, podríamos decir) y se desvían hacia lo ficticio y literario. Esto a veces alcanza lo fantástico o se acerca a la ciencia ficción. Porque hay que decir que cuando hablamos del género del microrrelato nos estamos refiriendo a un formato, una extensión. Pero ¿qué hay de lo que contienen? En Fenómenos de Circo hay drama, romance, historia, humor, género negro, fantasía y ciencia ficción a partes iguales (seguro que me estoy olvidando de algo). Es un mosaico variado, colorido, sorprendente que un lector inquieto no debería perderse.

Dos recomendaciones. La primera es que (tal como indica la autora y mi experiencia al leer Fenómenos de Circo) es que la lectura de microrrelatos requiere su propio ritmo. Ha de ser pausado, tranquilo, hay que dejar espacio entre un texto y otro para reposarlo y captar su esencia. Es como comer golosinas: si uno las va tomando una tras otra sin parar, tal vez acabe con dolor de estómago. Pero si las toma despacio, paladeando y saboreando bien, las disfrutará mucho más y la sensación al final será que ha pasado un rato muy muy dulce. La segunda es que los lectores inquietos no deberían perdérselo. ¿Ya he dicho esto antes? No importa porque de verdad: no hay que perdérselo.

 

 

 

 

 

 

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Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

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