El Mundo de Sofía, de Jostein Gaarder

portada-el_mundo_de_sofiaSiempre he pensado que la gran literatura es aquella que contiene grandes temas. Es obvio que un libro que trata de abarcar toda la historia de la filosofía encierra en sus páginas todos ellos, casi siempre en forma de pregunta que obtiene muchas, una o incluso ninguna respuesta.
¿Cómo consigue el autor hacer ese recorrido inmenso a la vez que cuenta una historia de ficción capaz de atrapar al lector de todas las edades? ¿Cómo consigue que esa historia de ficción encaje como un guante en el carácter explicativo y didáctico del texto?

En primer lugar, Gaarder es un filósofo en el sentido etimológico de la palabra: él ama la sabiduría. (Habría sido más sencillo decir que ama la filosofía pero ¿no es eso una redundancia?). Veo ese amor en el alter ego de Gaarder, Alberto Knox, que sabe buscar el punto de azúcar perfecto para que Sofía se deje administrar la medicina del conocimiento.  En segundo lugar Gaarder/Knox puede poner azúcar porque obviamente es un experto en filosofía. Hace que lo difícil parezca fácil, y traduce las cuestiones más complejas a un lenguaje sencillo y comprensible para un lector profano en el tema. Cuenta con una ventaja: el hecho de que todo ser humano se hace preguntas y siente curiosidad por las cosas que le sorprenden. (Si sentimos la tentación de discutir esto, consideremos que, al menos, un ser humano que abre un libro sí proporciona esa ventaja). En tercer lugar, Gaarder es consciente de que la filosofía, a pesar de lo que pueda parecer, se encuentra a diario en cualquier aspecto de nuestras vidas y por eso la convierte en algo cotidiano. Está en nuestra habitación, en nuestro jardín, en nuestra ciudad y en toda la gente que conocemos. Y claro que habrá resistencias: la madre de Sofía es un ejemplo mostrándose reacia y desconcertada desde el principio pero evolucionando también según avanza la novela.

Gaarder va tejiendo esa triple red en la primera mitad del libro para que quedemos atrapados, y cuando ya nos tiene, da un giro sorprendente. ¿Quiénes son Alberto y Sofía? ¿Quiénes son Albert y Hilde? ¿Quiénes somos nosotros?
No quiero ni debo decir nada más. Salvo que el lector debe confiar y dejarse llevar por toda la serie de imágenes y situaciones en apariencia irreales o absurdas. Seguir adelante en su lectura dará sus frutos pues Gaarder atará todos los cabos, nos mostrará que no escribió nada por casualidad o capricho y que todas sus palabras conducían a algún sitio.

Pero no hay que confundirse. No se trata de que todas las preguntas obtengan su respuesta, pues ¿qué es filosofía al fin y al cabo?: preguntas que nos llevan a más preguntas.

(O mejor: ¿Preguntas que nos llevan a más preguntas?)

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Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

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