El Gran Dios Pan, de Arthur Machen

portada-el_gran_dios_panTerror clásico. Terror gótico. Estos dos conceptos se desprenden de todas y cada una de las páginas de esta novela corta publicada por primera vez en 1894. El momento es significativo porque se encuentra algo lejos de lo que había sido la edad de oro de la novela gótica y solamente a dos años de la publicación de Drácula de Bram Stoker, que supone un colofón para la literatura gótica británica.

Machen, sin embargo abre otras puertas que se van a desarrollar del todo en Estados Unidos porque sólo hay que leer esta obra suya para entender por qué Lovecraft admiraba profundamente a Machen y por qué se dejó inspirar por sus trabajos en más de una ocasión.

Una vez puestos en contexto, trataré de explicar algunos motivos por los que hay que leer El Gran Dios Pan.

En primer lugar, porque como en la mejor tradición gótica, hay una clara referencia a la cultura clásica. Sin embargo, el dios Pan aparece aquí reinventado en su faceta más oscura y primigenia y puede estar sujeto a interpretaciones. Yo tengo mi propia teoría sobre qué representa Pan en este texto, pero voy a reservármela porque no quiero condicionar a futuros lectores.

En segundo lugar, porque aunque aparenta ser un texto breve y sencillo, tiene una estructura mucho más compleja e inquietante. La narración se focaliza en varios personajes y en varias herramientas: hay narración en tercera persona, pero también personajes que en algunos momentos asumen el papel de un narrador en primea persona al contar sus experiencias, o fragmentos de cartas y manuscritos que le dan al texto un aspecto de realidad muy interesante. (Y vuelvo a insistir que faltaban os años para la publicación de Drácula cuya estructura fraccionada es uno de sus elementos más importantes).

Para terminar, quiero destacar que Machen aquí es un maestro en inspirar terror con aquello que no se cuenta. Esa sutileza (que por otra parte tanto admiro en el cine de este género) está muy bien utilizada en varios momentos de la historia. Lo que no vemos, lo que un personaje no quiere contar porque es demasiado horrible para hablar de ello, lo que un personaje no quiere seguir leyendo… Esa ignorancia en la que Machen nos sume a lo largo de su relato en muchas ocasiones nos hace pensar que eso que inspira terror es tan inmenso que también nos está protegiendo a nosotros de ver lo que no debemos ver. En ese sentido, juega con los lectores y nos convierte en un personaje más del texto. Y eso, para un amante de la literatura, es un verdadero regalo.

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Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

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