El fin de los sueños, de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina

El fin de los sueños de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina“El fin de los sueños” es un texto en el que la fantasía y la ciencia ficción se mezclan sin que haya una frontera clara entre ambos géneros. Cuando esta fusión se hace bien, estamos ante mi género favorito (y cuanto más mayor me hago, más claro lo tengo).

La novela transcurre en una ciudad del futuro, después de una gran guerra y con parte del mundo contaminado por la radiación.  La humanidad no sueña por sí misma sino que se conecta a unos sueños preprogramados. El propósito de esta tecnología (creada por los militares durante el conflicto) es que la gente no malgaste ocho horas durmiendo cada día. Dicho así parece práctico y eficaz. Obviamente, las cosas no son tan sencillas cuando la idea está en manos de dos autores expertos en fantasía oscura.

Campbell y Cotrina han creado una historia que les ha permitido entrar en el mundo de los sueños y lo más interesante es que no hay sueños sin pesadillas. Éstas últimas, sin duda, tienen un lugar de honor en “El fin de los sueños”.

Veamos qué elementos interesantes tenemos al margen de los rasgos surrealistas de los que hablaré después.

Los protagonistas: son un grupo de jóvenes que se conocen a causa de un inquietante sueño que han compartido. Son muy distintos entre sí, vienen de clases sociales y familias muy diferentes. Todos ellos buenas personas, inteligentes, mucho más valientes de lo que piensan y dispuestos a darlo todo en la lucha del bien contra el mal que está a punto de desarrollarse. ¿Son, por ello, personajes “Mary Sue” o “Gary Stu”? (Explico: personajes femeninos o  masculinos que solo tienen virtudes y ningún defecto). No, no es el caso. Tienen debilidades, problemas y muchos  miedos, además de tomar decisiones equivocadas como cualquier ser humano.

El contexto social y político: si bien, no está desarrollado en profundidad, muestra las pinceladas necesarias para que el lector se traslade a un mundo postapocalíptico, en fase de reconstrucción y donde unos privilegiados viven muy por encima (físicamente y metafóricamente) de los desfavorecidos.

El elemento tecnológico: hay muchas referencias anteriores. En mi caso, me lleva a películas como “Desafío total”, “Días extraños” o a la serie “Caprica”. Esta idea de los sueños artificiales es un tema recurrente en la ciencia ficción y es interesante ver en qué historias tan diferentes puede desembocar.

La lucha del bien contra el mal: esto es un clásico; algo que hemos leído y visto muchísimas veces. Lo bueno es que la dimensión que toma en esta historia es apabullante porque el mal alcanza formas muy retorcidas para hacer daño y tomar el control. Es un mal inteligente y astuto, imaginativo e ilimitado y por ello resulta muy difícil luchar contra él.

Vamos, ahora sí, con el mundo de las pesadillas y el infierno: “El fin de los sueños” está hecho de imágenes. Imágenes maravillosas que contrastan con las imágenes terribles, mucho más habituales. La novela me ha llevado a cuadros de El Bosco, Füssli, William Blake, las pinturas negras de Goya, H.R. Giger u otros surrealistas oscuros; al infierno de la pintura y la escultura románicas; y a grandes intentos pictóricos de representar el infierno de Dante. No quiero dar más detalles para dejar que el lector se sorprenda como yo lo he hecho. Pero quien tenga curiosidad y no conozca a estos artistas basta una búsqueda rápida en Google para asomarse a sus mundos.

Sólo le hago a la novela una pequeña crítica. Ese combate formidable que tiene lugar “al otro lado” resulta a veces demasiado largo. Esto tiene sus razones y efectos positivos sobre el texto: el mal es mucho mal, como dije antes, no es fácil enfrentarse a él y al lector le queda muy claro; el tiempo narrativo no es el mismo que el tiempo de la realidad de igual modo que el tiempo de los sueños no es el mismo que el tiempo de la vigilia; es más, cuando tenemos una pesadilla, queremos despertar y no podemos, el tiempo se estira hasta hacerse insoportable.

En resumen, creo que es una elección por parte de los autores. Su imaginación, he de decir, parece no tener límites y no han querido ponerse barreras que pudieran venir de la longitud del texto. Sin embargo, como lectora, en algunos momentos he deseado que la resolución llegara mucho antes de lo que llega.

Detalles. Minucias. El texto es muy bueno: la historia, los personajes y los elementos fantásticos se combinan a la perfección. Para un lector dispuesto a sumergirse en un mundo que os recordará a monstruos ancestrales como Chulthu o más actuales como Freddy Krueger, partiendo de un mundo futurista, este libro es la elección perfecta.

Leed, disfrutad, sufrid, leed. Y mucho cuidado con lo que soñáis.

Compártelo enTweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn
Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *