Dibujé

portada-inquilinos_aleph“Dibujé” es un texto que escribí para el libro “Los inquilinos del Aleph” de la editorial De Lirios del Taller. Era el año 2011 yo era alumna del Taller de Escritura Creativa de Clara Obligado. Clara nos propuso publicar un libro homenaje a Jorge Luis Borges.

Debíamos escribir un texto paralelo al fragmento del relato “El Aleph” en el que el protagonista mira esa esfera rara y maravillosa y “VE”. Nosotros teníamos que cambiar el verbo “vi” por otro de nuestra elección. De ahí salió este pasaje surrealista y poético que no deja de ser un resumen de toda mi vida. Dejaos llevar por sus imágenes y tal vez os veáis reflejados en alguna de estas vivencias. 

 

 

Dibujé

Mi Aleph estaba donde, cuando, como debía estar. Ni más arriba ni más abajo. Ni más tarde ni más pronto. Ni más grande ni más pequeño.

Cuando lo abrí para dejarme tentar de frente, la habitación se puso del revés, pero no sentí mareo ninguno. Yo también estaba donde, cuando, como debía estar.

El Aleph me mostró los espacios en blanco que me habían estado esperando. Entonces todos los colores surgieron de mí, el universo entero vibró en cada surco de mis huellas dactilares y dibujé.

Dibujé grietas ardientes en el fondo del océano con burbujas de lava encharcada, dibujé el horizonte donde un barco cubierto de musgo trataba de encontrar el camino hacia el sur, dibujé a un pescador que se había fundido con sus redes y a su hijo mayor que le miraba espantado, dibujé una playa de nieve caliente y un cercado de manglares con tentáculos, dibujé a Rosalía en su quiosco vendiendo golosinas a niños invisibles, dibujé la calle que acababa en la puerta de mi antiguo colegio, dibujé las pizarras y los libros, y las aulas inundadas por agua de mar convertidas en rincones del verano en Cullera, dibujé los postigos de la casa del pueblo y los gatos que corrían entre los pies de mi abuela, dibujé la partitura de mi última clase fallida de piano, dibujé los cerezos de mis padres y los pájaros negros que robaban sus frutos sin tenernos en cuenta, dibujé caracoles encerrados en cajas de cerillas, dibujé la pequeña llave de un diario, el brillo delirante de la paranoia en unos ojos familiares, dibujé la Olivetti que hacía que mis dedos infantiles acabaran sangrando, papel de calco, folios, un cuaderno lleno de tachones, dibujé mi primera minifalda, dibujé un autobús de gusano con el número ilegible, dibujé toneladas de apuntes inservibles ardiendo la noche de San Juan, dibujé un plano de metro donde las líneas de Praga y Madrid se confundían con los tranvías de Zurich, dibujé la niebla en una estación de trenes con nombres alemanes, dibujé una puesta de sol en el desierto, cerca de Chott-el- Herid, donde los bancos de sal florecen cada semana, dibujé el círculo polar, y los lagos y bosques de Finlandia, dibujé a los oscuros de Helsinki, que habitan en los bares congelados, dibujé mi rincón favorito del Retiro donde se mezclan el agua y los cristales, dibujé un mapa del mundo con rutas infinitas, y un disco duro vacío, dibujé mi estómago inquieto lleno de palabras, dibujé las historias vividas y el futuro expectante y lloré, porque mis dedos habían dibujado más allá de lo consciente: todo lo que yo puedo contar.

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Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

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