Cosas que decidir mientras se hace la cena, de Maite Núñez

portada-cosas_que_decidirMaite Núñez nos regala una serie de historias que podrían estar sucediendo al lado de nuestra casa, o quizás dentro de ella, en una colección de quince relatos que son verdaderas joyas.

Cuando el libro llegó a mis manos (dedicado por la propia autora en la pasada Feria del Libro de Madrid) y empecé a ojearlo, vi que nueve de los textos habían sido ganadores o finalistas en concursos, algunos de ellos muy prestigiosos en el mundo del relato (Luis del val, Hucha de Oro, Narración Breve de la UNED…). Esto puso mis expectativas en lo más alto, sumado al hecho de que el libro me lo había recomendado Nuria Sierra Cruzado, una gran escritora y lectora, cuyo criterio vale su peso en oro.

Lo bueno de todo esto es que las expectativas se han cumplido con creces, y relato tras relato he podido disfrutar de una de las mejores lecturas en lo que va de año. Quiero señalar también que aquellos textos que no están en ese grupo de premios literarios, mantienen el mismo nivel. He pensado en algunos ejemplos musicales: discos en los que uno aprecia los tres o cuatro singles de éxito mientras que el resto de las canciones parecen ser un relleno, frente a discos de calidad cuya escucha resulta un placer desde la primera canción hasta la última. Así es «Cosas que decidir mientras se hace la cena».

La solidez del libro se hace patente, además, a través de los temas tratados, el perfil de los personajes y el hecho de que algunos de ellos desfilen por varios relatos. El lugar en el que se desarrollan sirve de anclaje y la familiaridad que el lector llega a encontrar, crece con ello. Por esta razón voy a hablar de tres aspectos que, a mi modo de ver, conforman el eje que le da cohesión al libro. Son las tres patas de una mesa que nunca va a cojear: la ambientación, los personajes y los temas tratados.

La autora inventa un lugar: San Cayetano, una zona residencial cercana a una ciudad que no se nombra, donde viven familias de clase media alta. Boutiques de lujo, adosados, jardines, piscinas, grandes cocinas con asistenta… nos dan idea de la posición social de estas familias. Un ambiente burgués donde la situación económica no es un problema para nadie pero donde afloran otras miserias: las amistades superficiales, la incomunicación entre las parejas, la rutina, el aburrimiento…

Gran parte de las historias se centran en las parejas: parejas a punto de dar un paso importante («Cosas que decidir mientras se hace la cena»), otras que están en punto muerto («En el semáforo») o parejas que ya no lo son («Planes de futuro»). Hay un predominio del punto de vista de las mujeres, ya que todos los relatos excepto «Panorama desde Primrose Hill» están contados desde el punto de vista de sus protagonistas femeninas. Hay otro grueso de historias que hablan mujeres que sufren cáncer de mama, un diagnóstico que se da mayoritariamente en mujeres. Se aprecia cómo para estos personajes, la pareja o la familia pasan a un segundo plano que parece quedar difumado, mientras que el protagonismo pasa a ese duelo de la mujer frente a su enfermedad. De estos relatos destaco «Pelo, pestañas, cejas».

Hay un asunto que puede parecer más superfluo, pero que ha llamado mucho mi atención: los nombres elegidos para los personajes. El relato corto es un género en el que es difícil profundizar en los personajes, en quiénes son, qué quieren, qué buscan… Maite Núñez lo logra con gran pericia, manejando elementos mínimos pero esenciales. Los nombres, en este caso, ayudan: Irene Sims, los señores Matuschek, Tristán y Olga, las hermanas Vera y Maya, Adrián Kessler… Sirvan estos ejemplos para ver que son nombres con personalidad, lo suficientemente exóticos para resultar atractivos y evocadores para el lector, pero no impostados para no parecer artificiosos.

Centrándome en los temas, aunque ya los he apuntado antes, el matrimonio y la enfermedad parecen ser los dos puntales de la mayoría de las historias. La visión del matrimonio es bastante negativa: casi ninguna pareja dentro de este libro parece ser feliz del todo, pero la riqueza de los personajes está en que buscan y avanzan. A veces con más éxito cuando miran hacia adelante («Reciclaje») a veces con menos, cuando se quedan anclados en lo que ya no tiene vuelta atrás («Miopía»).

Por otro lado, el tema de la enfermedad es muy llamativo porque no es un tema fácil a la hora de escribir, igual que no lo es en la vida real. Podemos plantearlo desde un dramatismo extremo hasta el humor. Sin embargo, Maite Núñez lo coloca en su justo medio. Desde el shock del diagnóstico recién recibido hasta el miedo compitiendo con la esperanza cuando quedan muchas revisiones por soportar. Está contado con la crudeza de lo que es real y tangible, pero sin el melodrama propio de las distintas Damas de las Camelias de la literatura. Lo duro está en que se trata de aquí y ahora, que podría tratarse de tu hermana, tu amiga o tú misma.

Para finalizar, he de decir que los elementos de los que he hablado no funcionarían como lo hacen si Maite Núñez no fuera una excelente escritora. Tiene un estilo muy certero. Se nota que sabe con claridad qué nos quiere contar en cada relato. Percibimos un trabajo minucioso de limpieza, selección del lenguaje y de las pinceladas que necesitamos para que no nos quede nada al azar. En sus textos no sobra ni falta nada.

Aunque a mí, de momento, me faltan más relatos de esta autora que esperaré con impaciencia.

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Gema Moratalla García

Gema Moratalla García

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